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El Jefe del Servicio de Neurocirugía del hospital universitario Ramón y Cajal y profesor de la UAH forma parte de la lista de la revista Forbes de los mejores médicos de España en 2017. Luis Ley también fue elegido el año pasado por los especialistas de ‘Top Doctors’ mejor neurocirujano de 2016.

En esta entrevista habla de su gran pasión que, por suerte, coincide con su profesión.
-¿Qué se siente, más responsabilidad o más orgullo cuando a uno los suyos propios le nombran entre los mejores y luego la lista Forbes lo corrobora al año siguiente?leyden
-Ambas cosas. Es un orgullo que te reconozcan por el trabajo que haces y la trayectoria profesional que has demostrado durante todos estos años. Yo, al menos, considero que no es un reconocimiento puntual, sino que es un reconocimiento a muchos años de trabajo. Y por eso es también una responsabilidad: hay que mantener la humildad y la constancia para que esta trayectoria siga siendo ascendente o, al menos, mantener la misma línea de esfuerzo y dedicación. Nunca dormirse en los laureles. Y agradecer siempre al equipo que te rodea poder llevar a cabo tus expectativas. La neurocirugía es muy dependiente de los servicios que le rodean y, en este sentido, tengo que estar agradecido al hospital Ramón y Cajal y al hospital Quirón por el ambiente propicio para desarrollar mi actividad.

-La neurocirugía es un ámbito muy complejo, con distintas áreas. Digamos que el sistema nervioso es como la red de redes, sin la que el cerebro no serviría para nada. Sabemos que lo de ser neurocirujano le venía en los genes pero ¿qué le atrae a usted de este mundo?
-Efectivamente, la neurocirugía es una especialidad muy compleja, y es esa complejidad la que me atrae. Desde niño me he sentido atraído por lo complejo de esta especialidad y el reto de ejercerla. La necesidad de comprender la anatomía, la fisiología del sistema más complejo del ser humano y que nos define y la posibilidad de repararlo sin provocar nuevos daños. Por otra parte, me apasiona la tecnología y la neurocirugía es una especialidad muy tecnológica, tanto a nivel diagnóstico como terapéutico. Y es un reto apasionante.

-Si se habla de medicina personalizada en casi todos los ámbitos de la salud, quizá en el de la neurocirugía esto es todavía mucho más ¿no?
-Indudablemente. La frase: ‘lo primero no hacer daño’ no es una frase simple, es la base de la medicina y, sobre todo, de la cirugía. En neurocirugía tiene gran importancia saber qué le pasa a tu paciente, qué se puede hacer, qué espera conseguir y qué se puede aportar. La cirugía no empieza ni acaba con el acto quirúrgico, hay que escuchar al paciente y adaptar la cirugía a sus expectativas y a nuestras posibilidades. Cada paciente es diferente y hay que adaptar nuestro conocimiento al paciente, no al revés.

-¿Qué le diría a los estudiantes de medicina que estén pensando hacer esta especialidad?
-Que es una especialidad apasionante y muy completa. Desde la cirugía cerebral a la de nervios periféricos, desde la microcirugía hasta la radiocirugía o la cirugía endovascular, pocas especialidades tienen un campo de acción tan grande y tanta variedad de técnicas. Por otra parte, es una especialidad dura, con gran exigencia técnica y de conocimientos, con cirugías muy largas y muy demandantes física e intelectualmente. Es muy exigente, poco conocida y bastante incomprendida, pero es la mejor especialidad.