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Cinco estudiantes del Grado en Ingeniería en Electrónica y Automática Industrial son los ganadores en la categoría ‘Tech’ del concurso BBLUE BBVA Impact Challenge con el proyecto ‘Pop-up forest’, destinado a la reforestación mediante drones (robots) colaborativos.

Cinco estudiantes del Grado en Ingeniería en Electrónica y Automática Industrial son los ganadores en la categoría ‘Tech’ del concurso BBLUE BBVA Impact Challenge con el proyecto ‘Pop-up forest’, destinado a la reforestación mediante drones (robots) colaborativos.

Se trata de Borja Miguel Peñuelas Morales, Sergio Maza Uslé, Nicolás Horacio Carneri Tamaryn, Aitor Rebollo Orozco y Jesús Izquierdo Cubas.

El premio es un viaje de una semana a Silicon Valley, donde podrán visitar empresas punteras en nuevas tecnologías, fundaciones relacionadas con el medioambiente y la sostenibilidad y empresas de ‘crowdfunding’, con el objetivo de lograr colaboradores que les ayuden a poner en marcha su proyecto de negocio.

El concurso BBLUE BBVA Impact Challenge está organizado por el BBVA para fomentar entre los estudiantes universitarios el emprendimiento, el trabajo colaborativo y la creación de empresas sociales que cambien el mundo.

En esta entrevista, cuentan en qué consiste su proyecto y las perspectivas que se les abren a partir de ahora.

-¿Cómo os planteasteis participar en el proyecto?
-Nos enteramos del concurso gracias a Nicolás, y formamos el equipo con cinco estudiantes del Grado de Ingeniería en Electrónica y Automática. El concurso proponía idear retos tecnológicos innovadores, fácilmente replicables y sostenibles en su diseño para resolver problemas sociales. Había dos categorías, la social y la tecnológica, y nosotros nos inscribimos en la tecnológica. La primera fase del concurso consistió en una jornada de formación (‘challenge’) en la que participamos más de 200 estudiantes universitarios y de educación superior seleccionados previamente. En esa jornada los expertos nos guiaron para conformar nuestra idea, desarrollarla y presentarla de la mejor manera posible. Quedamos entre los tres finalistas de la fase tecnológica y disfrutamos de un curso de aceleración e incubación del proyecto de 45 días en el Impact Hub de Madrid. Después de ese proceso, en el que hemos aprendido muchísimo sobre técnicas de emprendimiento, desarrollo de negocio y estrategias de comunicación, mejoramos nuestra idea y resultamos ganadores en la categoría tecnológica (‘Tech’) . Y ahora nos marchamos a Silicon Valley.

-¿Cómo surge la idea de Pop-up forest?
-La idea partió de Borja. Nos gustó a todos, analizamos los puntos fuertes y los débiles y decidimos desarrollarla. Esta iniciativa consiste en una reforestación de forma autónoma con drones colaborativos y un contenedor. Puede aplicarse a cualquier espacio, pero sobre todo, es muy eficaz en aquellos de difícil acceso para el hombre por haber sufrido incendios o cualquier otro tipo de incidencias. Funciona de la siguiente manera: se envía por avión un contenedor energéticamente autónomo que contiene los drones, las plantas y los generadores que se encargan de abastecer de energía a todo el sistema. Los drones son de dos tipos: abeja y topo. La abeja es un dron aéreo que estudia la zona y busca la mejor ruta de acceso a la plantación para el topo. El topo es terrestre y se encarga de cavar la tierra y realizar la plantación de los esquejes que la abeja le va suministrando a medida que se avanza. Ambos son capaces de recargar automáticamente sus baterías sin intervención humana. Cada contenedor dispondría de unos 1.000 árboles listos para ser sembrados, que podrían ir reponiéndose a medida que se desarrolla la plantación.
En la final del Impact Hub, el jurado valoró mucho nuestra puesta en escena, porque hicimos un vídeo locutado en el que recreamos el método de trabajo del contenedor, y también destacó la rentabilidad de la iniciativa. Un árbol tiene un valor económico y social muy importante, relacionado con el mercado de bonos de carbono, la erosión de la tierra, el precio de la madera…
Hemos realizado un estudio de competitividad y hemos descubierto que hay una iniciativa similar en el mercado, pero la nuestra mejora las expectativas, porque nuestros competidores utilizan semillas, no esquejes de los árboles como nosotros, y eso entraña un alto riesgo de que la semilla no germine o no llegue a ser un árbol grande.

-Viajáis a Silicon Valley, ¿qué esperáis de este viaje?
-Hemos puesto muchas expectativas en este viaje. Estaremos una semana allí y vamos a visitar tres empresas punteras en nuevas tecnologías. El objetivo es poder presentar nuestro proyecto y conseguir contactos para la financiación con vistas a ponerlo en marcha. Hablaremos con fundaciones ecológicas, empresas de drones y de ‘crowdfunding’, porque nuestra meta ahora es sacar el proyecto adelante. Necesitamos entre 150.000 y 200.000 euros para disponer de un prototipo mínimo viable que nos sirva para realizar las demostraciones. El proyecto podría reportar una rentabilidad de 7,5 a 9 veces la inversión inicial realizada.

-Vuestra propuesta es un ejemplo de cómo la tecnología se pone al servicio de la sociedad en un momento en el que los árboles adquieren un mayor valor añadido como elementos naturales que absorben CO2
-Sí, en la Cumbre del Clima de París, sin ir más lejos, se puso en evidencia que el bosque aporta un capital muy importante a la hora de afrontar los impactos del cambio climático.

-Más allá de lo que os queda por vivir en EE.UU., ¿qué os ha aportado el concurso y esta vivencia?

-Si algo hemos aprendido es que tener una idea es la mínima parte para poner en marcha una empresa. Hay que trabajar mucho y disponer de conocimientos en muchos ámbitos para que la idea se convierta en un proyecto de éxito.