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Un equipo de investigadores internacionales liderados por la Universidad de Alcalá y la Universidad Autónoma de Madrid ha desarrollado un método que mide con precisión el impacto ambiental que están generando en los ríos las mezclas de contaminantes emergentes (fármacos, drogas de abuso, hormonas, productos de higiene personal…).

El método ha demostrado que los antibióticos son los compuestos farmacológicos que más afectan a las cianobacterias, los microorganismos primarios sobre los que reposan todos los ecosistemas acuáticos, de gran importancia por tanto para el equilibrio del medio ambiente.
Esta investigación, que se ha publicado recientemente en la revista Science Advances, está liderada en la UAH por el catedrático del Departamento de Química Analítica, Química Física e Ingeniería Química, Roberto Rosal.

-Profesor, ¿en qué consiste este método?

-Hasta ahora, se entendía que concentraciones muy bajas (microgramos por litro) de distintas sustancias de contaminantes emergentes, que es lo que se vierte al río desde las depuradoras, estaban incluidos en lo que se denomina ‘ruido experimental’, es decir, que sus efectos forman parte de la variabilidad natural en el medio ambiente y, por tanto, no se podían medir ni evaluar. Nosotros hemos puesto a punto un método experimental y estadístico que determina que sí hay efectos. Se han ensayado unas 180 combinaciones de mezclas de productos de contaminantes emergentes (antibióticos, analgésicos, estimulantes, hormonas…) en unos 2.700 experimentos y, de forma consistente, se ha demostrado que existen efectos medibles sobre las cianobacterias.

-¿Qué son compuestos contaminantes emergentes?
-Se trata de compuestos no regulados, como los compuestos farmacéuticos o los de higiene personal (antisépticos, productos fijadores de aromas…), que se vierten en grandes cantidades a través de los sistemas de desagüe y van a parar a las depuradoras. Pero por sus características químicas, las depuradoras no sean muy eficaces en su eliminación, por lo que parte de esas sustancias va al medio ambiente y provoca efectos: un vertido en el medio es metabolizado por los microorganismos que viven en el mismo, en este caso el acuático; la luz del sol rompe las moléculas, las fotoliza, sufren procesos de hidrólisis… En definitiva, se transforman en otra cosa que no tiene por qué ser inofensiva.

-¿Dónde está el ‘salto’ de sus investigaciones?
-La medición está ya estudiada y estandarizada. Lo que nosotros hemos hecho es exponer estas concentraciones de compuestos contaminantes emergentes a microorganismos, en este caso las cianobacterias, y determinar estadísticamente que incluso en esas minúsculas concentraciones –por debajo de un microgramo por litro o, lo que es lo mismo, una dosis de paracetamol disuelta en una piscina olímpica- hay un efecto importante, que se puede medir. Esto es contrario a las hipótesis que se defendían hasta ahora, que señalaban que a estas bajísimas concentraciones no había efectos.

-¿Y cuáles son los efectos sobre los microorganismos presentes en el medio acuático?
-Son daños variados: entre otros, se disminuye la capacidad de la fotosíntesis, pueden alterar las membranas celulares, pueden hacer a los organismos más sensibles a otros compuestos químicos o a otros estreses, como por ejemplo la sequía.

-En este proyecto están implicadas varias universidades (Autónoma de Madrid, Universidad de Girona, Universidad de Florida, Universidad de Alcalá…) ¿cuál es la implicación de la UAH en la investigación?
-En la Universidad Autónoma y en la UAH hemos diseñado el proyecto, el protocolo experimental, hemos seleccionado los compuestos y hemos realizado toda la experimentación en laboratorio con las cianobacterias. En la Universidad de Girona se han hecho ensayos sobre una comunidad microbiana sacada de un río y la Universidad de Florida ha dado el soporte estadístico que ya tenían desarrollado.

-¿Esto tiene solución, profesor?
-Sí, claro. La solución pasa porque las depuradoras establezcan sistemas de depuración de aguas residuales que permitan un menor vertido al medio ambiente, tales como procedimientos de oxidación, de absorción con carbón activo, membranas…pero son procedimientos caros y es difícil mentalizar que el río cumple una función ecológica –la función lúdica ya ha desaparecido prácticamente- y es una base de la biodiversidad.