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Las Hoces de Beteta, en Cuenca, guardaban un secreto hermoso del Cretáceo que ha salido a la luz gracias a las excavaciones llevadas a cabo por un grupo de investigadores paleontólogos de la Universidad Complutense y la Universidad de Alcalá: los restos de anquilosaurio, un tipo de dinosaurio no citado hasta la fecha en esta región.

Algunos resultados de estas investigaciones, llevadas a cabo en la UAH por el grupo de investigación IberCreta, se han publicado en la revista ‘Proceedings of the Geologists Association’.
El profesor emérito de la UAH, Manuel Segura, habla en esta entrevista de las investigaciones, dadas a conocer recientemente también en unas jornadas celebradas en el municipio de Beteta.segurayciaden

-Al parecer, profesor, los primeros hallazgos fueron fruto de la casualidad, como ocurre en tantas ocasiones en investigación…
-Por lo general, cierto grado de suerte y disponer de indicios previos, suelen ser las dos condiciones que permiten el descubrimiento de nuevos yacimientos. Hace casi cinco años que comenzamos a estudiarlos. El primer indicio lo aportaron Irene Prieto y Adrián Ruiz, en aquel tiempo estudiantes de Ciencias Geológicas en la UCM y ahora investigadores en la UAH. Ellos acudieron a esta zona para realizar un trabajo de campo y encontraron un fragmento óseo que les pareció interesante. Consultaron desde la Complutense con el profesor Fernando Barroso, de la UAH, quien desde hace años es un reconocido especialista sobre la Paleontología del Cretácico de España, y también conmigo y, tras una primera valoración, acudimos al lugar donde se había encontrado ese resto óseo con el fin de evaluar su potencial. Entonces aparecieron nuevos fósiles de vertebrados, cada vez más interesantes. Comprobamos que relativamente cerca del lugar, un grupo de paleontólogos franceses había encontrado en los años sesenta del pasado siglo algunos restos de dinosaurios, actualmente conservados en el Museo de Historia Natural de París, y decidimos crear un grupo de investigación con capacidad para abordar este estudio, dirigido por los profesores Fernando Barroso, de la UAH, y Paloma Sevilla, de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). A continuación, solicitamos a la Junta de Castilla-La Mancha un proyecto de investigación para estudiar en profundidad los yacimientos recién descubiertos.

-Háblenos de los restos localizados en las campañas de excavación, ¿cuál es su singularidad?, ¿qué conclusiones extraen?
Dos aspectos destacan sobre los fósiles encontrados: por una parte, la aparición de restos de un tipo de dinosaurio no citado anteriormente en el Cretácico Inferior de esta región. Se trata del anquilosaurio y, por otra, la presencia de restos micropaleontológicos, con extraordinario valor científico, que corresponden a varios tipos de vegetales, de invertebrados y de cáscaras de huevos, además de abundantes restos de otros dinosaurios, cocodrilos, tortugas, peces… En fin, ya son unos yacimientos importantes, pero prometemos mucho más. La trascendencia de estos hallazgos va más allá, porque los yacimientos también pueden tener un papel formador de gran interés para futuros especialistas en paleontología de dinosaurios y otros seres del pasado.

-¿Qué son los anquilosaurios profesor?
-Son dinosaurios de no mucha altura, muy acorazados, que llevaban la cola llena de espinas como elemento de defensa. En las excavaciones se han localizado algunas de estas espinas y vértebras en muy buen estado de conservación.

-Usted es experto en el Cretácico y la provincia de Guadalajara en general parece ser un espacio ‘privilegiado’ para el estudio de la fauna de esta época…
-Sí, en los últimos años la insistencia en nuestros estudios está dando resultados. No solo hemos encontrado estos yacimientos en Beteta (Cuenca) sino también otros ya muy importantes como el de Algora (Guadalajara), que ha proporcionado numerosos datos sobre las faunas de tortugas, dinosaurios y cocodrilos del Cretácico.

-Háblenos de futuro, ¿en qué están trabajando en este momento y cuáles son los objetivos a medio plazo?
-En este momento seguimos trabajando en los dos yacimientos de Beteta y Algora, ambos muy prometedores, y hemos comenzado a comparar los resultados obtenidos en España con los que nos está proporcionando desde Portugal el profesor Pedro Callapez, de la Universidad de Coímbra, para tratar de reconstruir la fauna y la flora que habitó la Península Ibérica en el pasado.