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Este grupo está coordinado por la catedrática de la UAH Victorina Aguilar y entre sus líneas de investigación se encuentran los estudios de composición corporal, el análisis de factores de riesgo de distintas patologías metabólicas y su prevalencia y la valoración de la ingesta de alimentos.

-Profesora, ¿de qué se ocupa el grupo de investigación ‘Alimentación, nutrición y estrategias en salud pública?
-Las líneas de investigación de nuestro grupo están dirigidas a intentar prevenir diferentes patologías crónicas en distintas poblaciones, desde las embarazadas con los problemas obstétricos que puede entrañar una mala alimentación y su influencia en la salud del neonato, hasta los ancianos con los problemas físicos y neurológicos asociados a su estado nutricional. Para ello se investiga sobre posibles factores de riesgo y el modo de prevenirlos, sobre el test de cribado nutricional para diferentes tipos de pacientes con enfermedades metabólicas, así como sobre nuevos parámetros antropométricos y su efectividad, de manera que sirvan para el diagnóstico del estado nutricional de estas poblaciones y, por lo tanto, para una precoz intervención que permita utilizar con una mayor eficiencia los recursos disponibles. En estos estudios estamos colaborando con profesionales sanitarios del área de Anatomía Patológica del departamento de Medicina y Especialidades Médicas y de los Hospitales Ramón y Cajal y Príncipe de Asturias, ya que los resultados tienen una aplicación directa tanto en situaciones de normalidad como clínicas.

-Háblenos de la proyección social del grupo
-El grupo brinda a personas, comunidades o instituciones conocimientos y metodología adecuados para realizar evaluaciones nutricionales de diferentes colectivos, y el correspondiente asesoramiento nutricional. Asimismo, se están programando actividades de extensión universitaria dirigidas a la formación de miembros de la comunidad que lo solicitan, así como jornadas académicas o ciclos de conferencias ofrecidos a sectores de población no universitaria como colegios infantiles, colegios profesionales o concejalías municipales, entre otras.

-¿Cuáles son las perspectivas de futuro?
-Nuestro equipo multidisciplinar tiene grandes ilusiones puestas en el futuro. Por un lado, aplicar los test de cribado o los nuevos parámetros antropométricos en la detección temprana y sencilla de grupos poblacionales con riesgo nutricional, especialmente en pacientes hospitalizados en los que el grado de desnutrición es elevado a pesar de que pasa en ocasiones desapercibido al estar enmascarado por los síntomas propios de la enfermedad. Una intervención temprana proporciona el apoyo nutricional adecuado, evita un mayor deterioro, mejora los resultados para el paciente y, por ende, disminuye el gasto sanitario
Por otro lado, al conocer el deterioro en el estado nutricional provocado por algunas patologías, se podrán tomar medidas, preventivas o terapéuticas, que contribuyan a la pronta recuperación del enfermo, si ha lugar, y a la adquisición de hábitos alimentarios y estilos de vida saludables.
Además, se pretende aplicar algunos de los resultados obtenidos a la elaboración de calculadoras nutricionales, recursos educativos multimedia o, a nivel académico, material docente en red para el apoyo de la docencia.

-Cada vez estamos más preocupados por la alimentación pero ¿eso se está traduciendo en la mejora de las políticas de salud pública?
-Efectivamente, nunca hasta ahora se ha tenido tanto conocimiento de la relación existente entre alimentación y salud, ni se ha demandado por parte de la ciudadanía una intervención administrativa tan importante para garantizar la seguridad alimentaria en su concepto más amplio. Por ello, se han promulgado leyes, como la Ley 17/2011, de 5 de julio, de seguridad alimentaria y nutrición en la que el Gobierno, junto con las comunidades autónomas, la administración local y agentes sociales, están estableciendo unas estrategias, basadas en el análisis de la situación y en los conocimientos científicos existentes, como la estrategia NAOS, la Estrategia de Alimentación y Actividad Física Saludables en Aragón, 2013-2018, el Programa Thao-Salud Infantil, o el Health 2020. Asimismo, en esta línea se enmarca las actuaciones del Consejo General de Colegios Farmacéuticos mediante los Planes Plenufar en los que los farmacéuticos, como profesionales sanitarios de fácil acceso para la población, llevan a cabo charlas explicativas sobre la alimentación saludable en diferentes circunstancias. Pero, lamentablemente, los resultados no son tan buenos o rápidos como se desearía ya que es difícil cambiar hábitos alimentarios con el ritmo de vida que llevamos, con el sistema de producción y distribución de alimentos en las sociedades actuales, el rechazo a prescindir de los alimentos favoritos o la falta de voluntad o de tiempo, porque implica alterar costumbres que se han ido aprendido en la infancia y que se consolidan a lo largo de los años. De ahí la importancia de aplicar estas políticas alimentarias en las primeras etapas de la vida, haciendo hincapié en la recuperación de un patrón de consumo saludable como la dieta mediterránea, que forma parte de nuestro acervo cultural, y que se basa en el consumo de alimentos locales, con preparaciones culinarias sencillas, y con un ritmo de vida más pausado que nos libre del estrés tan común en nuestra sociedad.

-¿Qué debe preocuparnos más en este momento, cómo comemos o cuánto comemos?
-Hace años la población española se preocupaba por el qué comer ya que había escasez de alimentos pero hoy en día, debido a la globalización, no tenemos problemas de este tipo, nos han surgido otras preocupaciones como las que menciona: cómo comemos o cuánto comemos, a los que habría que añadir el qué comemos, pero ya no por la escasez de alimentos sino por su origen, producción, composición, etc.
Para nada nos adecuamos a las recomendaciones expresadas en la pirámide de la dieta mediterránea en cuanto al patrón alimentario. Cada vez hacemos más comidas en solitario u obviamos alguna, consumimos más alimentos preparados, con un mayor aporte de grasas saturadas y azúcares simples o más carnes rojas, con una baja ingesta de cereales, legumbres, verduras u hortalizas; es decir, alimentos básicos de la dieta mediterránea. Esta es la causa, junto con el alto sedentarismo vigente, de que a pesar de que se consumen menos calorías que en los años cincuenta o noventa, por ejemplo, no se haya producido un descenso en la tasa de obesidad, diabetes, etc., sino todo lo contrario y es que estas personas piensan que la vida es para disfrutarla, que los males solamente les ocurre a los demás, y son partidarios de alimentos más palatables, ‘divertidos’ y respaldados por campañas multimillonarias de marketing, con ofertas imposibles de rechazar.
Esta actitud contrasta con una segunda corriente preocupada por el qué comer, por el consumo de alimentos ‘más sanos ‘, con el fin de mejorar la calidad de vida, obsesionados por la información incluida en la etiqueta.